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miércoles, 13 de enero de 2010

ARROZ CALDOSO CON CANGREJOS DE RÍO Y ANCAS DE RANA













INGREDIENTES:
cangrejos de río
ancas de rana
arroz
ajo, chalota
aceite de oliva virgen extra
azafrán
PROCEDIMIENTO:

No es la primera vez que hacemos un plato con las saltarinas extremidades DEL GRAN BATRACIO DE LAS CHARCAS, en este caso las vamos a juntar con los cangrejos de río,( todo "marisco" de tierra adentro) cangrejos que tendrán que ser de los que "espiking inglis", porque el cangrejo autóctono, aquel de toda la vida, esta casi desaparecido, a menos que te pongas las botas altas de goma y vayas a algún río de aguas cristalinas, tendrás que comprarlos, eso sí procura que estén todavía "revoltosos ", las ancas de rana como ya explicábamos en algún otro plato que hemos hecho, las puedes encontrar congeladas y escrupulosamente embaladas, unidad a unidad, en los lineales de los congelados de las multinacionales esas que todos conocemos.

Una vez te hayas guarnecido de dichas viandas, sólo te queda ir a la cocina y hacer un arroz caldoso con ellas, cuando lo pongas en la mesa, casi todos mirarán con algún sobresalto las extremidades del gran batracio... no les tengáis el mínimo reparo... a por ellas.
  • Sofreír los cangrejos, cuando estén fritos añadir agua para hacer el caldo del arroz, puedes añadir también alguna verdura, cocer una media hora y reservar el caldo y los cangrejos aparte.
  • En una paella, pochar una diente de ajo laminado y una chalota finamente picada, partiendo de aceite en frío.
  • Sofreír las ancas de rana, sacarlas y reservarlas aparte.
  • Sofreír el arroz
  • Añadir unas hebras de azafrán y sazonar.
  • Añadir los cangrejos y el caldo, aproximadamente 4 veces el volumen de arroz.
  • Al final para que no se deshagan añadiremos las ancas de rana que habíamos sofrito.
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Y PARA BEBER... CORONA DE ARAGÓN...MACABEO
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Vino de gran intensidad, con aromas a frutas tropicales y cítricos, con una boca intensa, sabrosa, que recuerda la fruta y de fondo delata su paso por barrica.
Color pálido, aroma fruta fresca, floral, potente.

martes, 21 de octubre de 2008

ANCAS DE RANA A LA PROVENZAL



INGREDIENTES:
ancas de rana
pan rallado
hierbas provenzales
ajo, perejil
aceite de oliva virgen extra

PROCEDIMIENTO:
Proveerse de una escopeta de perdigones o aire comprimido, un palo largo acabado en una tela metálica a modo de rústica raqueta, buscar una bucólica charca donde oigas croar a los batracios en cuestión, y esperar tras un arbusto a que alguno se ponga a tiro, mientras tanto observas la naturaleza, y alternas con los variados habitantes del entorno: mosquitos, pájaros...cuando divises a uno de estos batracios, cuidado no vaya a ser el príncipe ese que se convierte en rana, ¿o era al revés?, bueno, pues a ese no le dispares, pero a los demás...¡pam ! batracio en decúbito supino...rápidamente vas con tu rústica raqueta, lo sacas y lo metes a tu cubo donde reposan los portadores de ancas saltarinas, que ya habías capturado.
Bueno, en realidad, esto es lo que yo hacia, allá por los años 60, cuando aún llevaba pantalones cortos, con un tirante cruzado, el problema residía posteriormente, en ver, quien era capaz de arrancar esas extremidades posteriores al batracio, siempre había algún voluntario.
Ahora lo tienes más fácil, te las venden congeladas y cuidadosamente embaladas por unidades en el lineal de congelados de las multinacionales esas, tu mismo...

Haces una mezcla con el pan rallado, el ajo muy finamente picado, y las hierbas provenzales, las cuales suelen vender en un frasco en tiendas especializadas, pero vamos, tampoco te compliques demasiado la vida, perejil, orégano, tomillo...te harán la misma o parecida función.
Rebozas en esta mezcla las saltarinas extremidades y las fríes en abundante aceite de oliva, que queden crujientes.

A continuación te pongo la receta de "ranas entomatas", que sirven en el restaurante ATRIO de Cáceres, en cuyos fogones oficia con inmensa maestría Toño Pérez.

ANCAS DE RANA ENTOMATÁS (Para 4 personas)
Ingredientes
24 Ancas de rana,
4 tomates maduros,
4 manojos de cardillos,
2 dientes de ajos fileteados,
2 cucharadas de hierbabuena picada,
1 cucharada de orégano, aceite de oliva, pimienta y sal.
PROCEDIMIENTO:Lavar las ancas de rana y secar con un paño. Separar los dos muslos para poder deshuesar. Desprender del hueso la parte más carnosa y bajar la parte inferior, así formamos unas bolitas. Salpimentar y freír con aceite de oliva virgen. Sofreír los ajos fileteados con los cardillos cortados en bastoncitos, agregar los tomates pelados y troceados con el orégano y la hierbabuena. Trabajar con una cuchara de madera durante ocho minutos a fuego lento. Agregar las ancas de rana y dejar cocer a fuego moderada en dos minutos.
Montaje y servicio
Colocar en el fondo de un plato la "entomatá" con cardillos y sobre todo esto la media docena de ancas guisadas. Servir bien caliente.

viernes, 12 de septiembre de 2008

ANCAS DE RANA CON AIRE DE AZAFRAN Y SALSA DE PIMENTON




Las ancas de rana con su carne delicada y pequeño tamaño son muy apropiadas para figurar como entrantes en cualquier comida que queramos hacer un poco vistosa. Las ancas son la única parte comestible de las ranas. Generalmente en el mercado nos las encontramos congeladas, aunque podemos encontrarlas frescas en pescaderías especializadas. Ya sean frescas o congeladas se comercializan peladas y limpias. La carne que queda es tierna y el tiempo de cocción que necesitan es muy pequeño. Se suele realzar su sabor suave añadiéndoles un elemento de sabor pronunciado y bien definido como el ajo o el limón.
Las ancas de rana se consideran una especialidad culinaria de diversos países entre los que se encuentra: España (Típicas en La Bañeza), Francia, China, Portugal (en especial y el Alentejo), en el noroeste de Grecia, así como en la cocina del medio oeste de Estados Unidos. El plato se elabora de muchas maneras, pero en todas ellas se emplean las extremidades traseras de las ranas comestibles de cada país. Existen variedades comestibles como la denominada Leptodactylus fallax (pollo de las montañas).

INGREDIENTES:
ancas de rana
harina de tempura
azafrán
pimenton
sal, pimienta
lecitina de soja
PROCEDIMIENTO:
Hacer una tempura tal y como explicamos aquí. Freir las ancas de rana en aceite caliente, deben quedar crujientes.
Para el aire de azafrán poner en un bol agua con azafran y una cucharadita de lecitina de soja, emulsionar con la batidora hasta que se forme una aire que recojeremos con una cuchara y depositaremos en forma de puntos en el plato.
Para la ajada de pimentón mezclaremos aceite de oliva con un poco de pimentón de la Vera, meteremos la mezcla en una pipeta de plástico.
Para montar el plato depositaremos las ancas de rana con unas brochetas, unos puntos de aire de azafrán y la pipeta de pimentón.
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Ancas de rana, delicia o espanto
Creo que fue Enrique Jardiel Poncela quien definió a las ranas más o menos como bichitos que dan saltos y emiten gritos roncos, definición que, con una mínima variante, aplicaba también a las coristas de revista.No consta que a Jardiel le gustasen las ancas de rana; la verdad es que tampoco consta que no le gustasen. Las ancas de rana son una de esas cosas que tienen partidarios devotísimos, por un lado, y enemigos irreconciliables, por otro. Los primeros son quienes las han probado; los segundos, por lo general, no.Hay que reconocer que la idea de comerse a una rana no parece, en principio, muy atractiva, y no es que uno vaya por la vida esperando que toda rana se convierta por arte de magia en un príncipe o una princesa azules, no; es que el animalito, a simple vista, no resulta demasiado apetitoso... salvo si se fija uno precisamente en sus ancas, bien musculadas de tanto saltar.Yo, desde luego, me alineo en el bando de los partidarios de las ancas de rana. Jamás me han planteado el más mínimo problema de escrúpulos o repugnancias: no las asocio con el batracio, y en paz; quiero decir que, ante una ración de ancas de rana, no me represento mentalmente la imagen de la rana completa, y me ciño a su parte comestible.¿Comestible, digo? Debería decir deliciosa. Una desgracia, claro, para las ranas, aunque ahora nuestra rana común cuente con algo de protección, que impide su captura y comercialización masivas. Pero algunas se capturan; el caso es dar con ellas.Por tierras leonesas, a poco que uno tenga un amigo aficionado, la cosa tiene pocos lances. Hay charcas, hay ranas y hay raneros. Y sobre todo hay una manera estupenda de preparar esas ancas que tantos remilgos inspiraron a los ingleses cuando el gran Auguste Escoffier las introdujo en el menú del londinense Hotel Carlton, a finales del XIX.A los ingleses siempre les escandalizó que los franceses comiesen ranas, y llegaron a llamar a los galos 'frog eaters', literalmente comedores de ranas. Los franceses se tomaron la revancha cuando, a raíz de la experiencia de Escoffier, los ingleses -bueno; algunos ingleses- aceptaron las ancas de rana fritas, rebozadas y empanadas; desde entonces, los franceses conocen esta receta como 'ancas de rana a la inglesa'.Están bien, como están bien a la provenzal; pero en tierras bañezanas probé hace unos días unas ancas de rana verdaderamente suculentas, de la mano de ese gran cocinero que es Paco Rubio. Venían en una cazuela, echando literalmente humo y sumergidas en una salsa roja en la que también había tiras de pimiento verde. La salsa: he ahí el secreto. Una salsa lograda a base de preparar un sofrito con pimientos rojos y verdes, cebollas de verano y ajo; añadirle un poco de pimentón dulce, algo de pimienta e incorporar finalmente tomates y dejar que se haga todo hasta que se integre, momento en el que pasa la salsa por colador, introduce en ella las ancas de rana, previamente sazonadas, y les da un calentón de tres o cuatro minutos.Estaban buenísimas. La salsa picaba, pero entiéndase que picaba con bastante educación: era la impresión inicial, perfecta para acompañar la blanca y delicada carne de las extremidades inferiores de nuestro anfibio favorito; a los pocos segundos de la ingestión, la sensación de picante desaparecía. Como debe ser. A estas ancas de rana les va muy bien un blanco con cierto carácter, tal vez un buen Verdejo de Rueda, más que un tinto.El caso es que por esas comarcas de León se rinde culto a las ranas, y se han creado salsitas muy interesantes para añadirles esa picardía que los ingleses de la época victoriana veían en el mero enunciado, en la palabra 'muslos', lo que hizo que Escoffier las ofreciese en su carta como 'ninfas de rana'; la verdad, uno no sabe qué será peor.Yo he tenido la suerte de comer ancas de rana de muy diversas maneras, y firmadas por grandes cocineros; nunca olvidaré las que me dio, en memorable ocasión, Santi Santamaría. Ni, seguro, las de Paco Rubio; además, estas cosas, comidas con amigos, saben mejor. De todos modos, sé que es tarea imposible convencer a los no adictos de que las ancas de rana son un manjar.De modo que les dejaremos con su fobia, pensando en que así tocamos a más los que militamos en el bando de los devotos de esa delicia; no sé, pero a veces me gustaría saber en qué estaba pensando Goliath -el del Capitán Trueno, no el de la Biblia- cuando, al entrar en combate, lanzaba su grito de "¡por el gran batracio verde!". (Caius Apicius)